lunes, 15 de junio de 2009

Ya no tengo miedo a las tormentas

Ya no me dan miedo las tormentas, el viento, la lluvia o las olas ....me asustan mucho mas las personas, la gente da mas miedo que cualquier fenómeno natural. Una tormeta avisa, el cielo se oscurece, un calor sediento se apodera de cada poro del cuerpo, una luz cual cartel fluorescente da el aviso y el ruido del trueno avisa a los mas sordos, llega la lluvia protegeros....el daño humano llega siempre sin alardes, de la mano mas amiga y cuando mas tranquila estas y mas confia el corazón en el amigo, es entonces cuando los seres humanos aprovechan para clavar bien hondo el puñal en las entrañas.
Antes me daban miedo las tormentas, el ruido, el grito desgarrador del cielo antes de echarse a llorar, la caida incontrolable de lágrimas, el ruida al romper el suelo con su canción ...ahora me asusta el silencio, las sonrisas, las bonitas y aterciopeladas palabras al oido, cerca muy cerca del cuello como vigilando el camino para la matanza, me aterroriza sentir que confio porque es solo el primer paso a agonizar en las manos de tu salvador, me aterra la calma, el sigilo, la prudencia, la normalidad......esa tormenta arrasa con algo mas que objetos, plantas o entornos, esta tormenta hace añicos tu amor propio, te mata por dentro, vuelve esteril la raíz, seca el terreno fértil y aleja las semillas a miles de kilometros, esa es la tormenta, la tormenta que mina el interior sin que ni siquiera el ritmo de la respiración cambie y cuando te quieres dar cuenta es siempre demasiado tarde.

domingo, 14 de junio de 2009

ahora remo yo

si es mi barca, digo yo que deberia remar yo, ya esta bien que lo hagan los demas y que acabe en lugares a los que nunca hubiese querido llegar ni de visita. El problema es reconocer tu barca entre tantas ancladas en el muelle.
Me recuerdo sentada en una playa de la costa granadina delante de muchas embarcaciones de pescadores, diferentes entre si, y el ritual que cada dueño hacia hasta lograr subirse en su barquita. La frase de barquito pequeño , barco grande...se quedo como broma entre la persona que me acompañaba aquella tarde y contraseña del momento complice compartido. Habia un barco pequeño que les servia para pasando por el resto llegar al grande que no podia anclarse tan cerca de la orilla.
Quiza mi en mi vida preste mi barco pequeño para que el resto alcanzase el suyo y no me preocupe de marcar el mio, me conformaba con las invitaciones de los demas a sus maravillosas naves sin cuidar ni reconocer que hay un barco en el mar que me pertenece.