si es mi barca, digo yo que deberia remar yo, ya esta bien que lo hagan los demas y que acabe en lugares a los que nunca hubiese querido llegar ni de visita. El problema es reconocer tu barca entre tantas ancladas en el muelle.
Me recuerdo sentada en una playa de la costa granadina delante de muchas embarcaciones de pescadores, diferentes entre si, y el ritual que cada dueño hacia hasta lograr subirse en su barquita. La frase de barquito pequeño , barco grande...se quedo como broma entre la persona que me acompañaba aquella tarde y contraseña del momento complice compartido. Habia un barco pequeño que les servia para pasando por el resto llegar al grande que no podia anclarse tan cerca de la orilla.
Quiza mi en mi vida preste mi barco pequeño para que el resto alcanzase el suyo y no me preocupe de marcar el mio, me conformaba con las invitaciones de los demas a sus maravillosas naves sin cuidar ni reconocer que hay un barco en el mar que me pertenece.
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